La tesis del Desarrollo Sostenible, que fuera presentada en el informe "Nuestro Futuro Común" (1987) de la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo ha alcanzado gran difusión en los últimos años, a partir de considerar que el desarrollo debe satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la habilidad de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades.
El concepto de desarrollo sostenible concibe al desarrollo como un proceso armónico, donde la explotación de los recursos, la dirección de las inversiones, la orientación del cambio tecnológico y las transformaciones institucionales deben estar a tono con las necesidades de las generaciones presentes y futuras. Así, se presenta al desarrollo como un proceso que requiere un progreso global tanto en materia económica y social, como en el orden ambiental y humano.
El concepto de desarrollo sostenible concibe al desarrollo como un proceso armónico, donde la explotación de los recursos, la dirección de las inversiones, la orientación del cambio tecnológico y las transformaciones institucionales deben estar a tono con las necesidades de las generaciones presentes y futuras. Así, se presenta al desarrollo como un proceso que requiere un progreso global tanto en materia económica y social, como en el orden ambiental y humano.
A pesar de su rápida aceptación y difusión como expresión concentrada de un estilo de desarrollo más humano y equitativo, la versión original de esta tesis no está exenta de limitaciones. Se destaca el carácter ambiguo de esta tesis, lo que ha condicionado la aparición de múltiples definiciones del desarrollo sostenible, en función de los intereses de los actores y de las circunstancias concretas de cada caso. La ambigüedad de esta tesis se pone de manifiesto al identificar las disparidades socioeconómicas prevalecientes en el mundo actual, pero sin reconocer los mecanismos que han generado esa desigualdad. Incluso, en ocasiones, se ha calificado a esta tesis como una estrategia pensada desde el Norte industrializado y que, por lo tanto, no incorpora de forma integral los puntos de vista y prioridades del mundo subdesarrollado.
Ahora bien si se realiza una evaluación de la realidad latinoamericana más reciente, tomando como criterio los aspectos antes señalados en relación con los requerimientos de un desarrollo verdaderamente sostenible, permite hablar de la insustentabilidad del "estilo de desarrollo" que se ha adoptado en la región, y de la necesidad de una profunda reformulación de la estrategia de desarrollo, que considere los intereses de los sectores mayoritarios de la población latinoamericana.
Nos encontramos ante la presencia de un crecimiento demográfico acelerado, de tal manera que la demanda de alimentos aumentara en la medida en que siga creciendo la población y cambien sus modelos de consumo.
El desarrollo de la agricultura en América Latina a generado un significativo deterioro ambiental y de la alteración de los ecosistemas, todo esto se explica por los efectos de la llamada "revolución verde", emprendida en el sector agrícola después de la Segunda Guerra Mundial, con una fuerte participación del capital transnacional. Además de la creciente artificialización de los ecosistemas, este proceso aceleró la emigración de campesinos hacia zonas urbanas, con implicaciones ambientales adversas. Entre los principales problemas ambientales que padece la región en la actualidad se hallan la erosión, salinización y reducción de la capacidad productiva de los suelos; la deforestación; pérdida de la diversidad biológica; la contaminación atmosférica, marina y de las vías fluviales; así como la contaminación provocada por desechos urbanos y residuos peligrosos. Todo lo antes expuesto es lo contrario a la teoría del Desarrollo Sustentable.
Un sector que se encuentra ligado a la agricultura en la producción de alimentos, bienes y servicios, es la industria y han sido consideradas tradicionalmente como dos sectores separados tanto por sus características como por su función en el crecimiento económico. Se ha estimado que la agricultura es el elemento característico de la primera etapa del desarrollo, mientras que se ha utilizado el grado de industrialización como el indicador más pertinente del avance de un país en la vía del desarrollo.
La agricultura ha llegado a ser una forma de industria, a medida que la tecnología, la integración vertical, la comercialización y las preferencias de los consumidores han evolucionado según pautas que se ajustan más al perfil de los sectores industriales comparables, a menudo con una notable complejidad y riqueza en cuanto a su variedad y ámbito. Esto ha entrañado que el desarrollo de los recursos de la agricultura resulte cada vez más sensible a las fuerzas del mercado y se integre más en los factores de la interdependencia industrial.
La agroindustria se refiere a la subserie de actividades de manufacturación mediante las cuales se elaboran materias primas y productos intermedios derivados del sector agrícola. La agroindustria significa así la transformación de productos procedentes de la agricultura, la actividad forestal y la pesca.
Para destacar la función de la agroindustria en el proceso de desarrollo cabe mencionar la hipótesis de Hirschman, la cual establece que la mejor vía de desarrollo consiste en elegir las actividades en las que el progreso inducirá otros progresos en otros lugares. Por consiguiente, una actividad que muestre un alto grado de interdependencia, medida en proporción al producto vendido a otras industrias o adquirido por estas, puede proporcionar un fuerte estímulo para el crecimiento económico. Así pues la agroindustria, con su alta interdependencia con actividades precedentes y posteriores, puede desempeñar una función muy importante en la aceleración de la actividad económica.
El potencial de desarrollo agroindustrial en los países en desarrollo está vinculado en gran medida a la abundancia relativa de materias primas agrícolas y al bajo costo de la mano de obra existentes en la mayoría de ellos. En dichos países el deterioro ambiental por causa de la agricultura y la agroindustria, resulta preocupante, ya que se evidencian altos porcentajes de erosión de suelos, donde unas 210 millones de hectáreas están sometidas a procesos de erosión, por la falta de aplicación de tecnologías limpias en los sectores antes mencionados.
Cabe destacar que todavía existen perspectivas para un desarrollo sostenible de la agroindustria con la implementación de políticas de producción limpia como estrategia que integra la variable ambiental a la gestión empresarial ha registrado avances en varios países de la región, en especial Brasil, Colombia, Chile y México. La gran diversidad biológica de la región puede ser la base para el desarrollo de productos elaborados u obtenidos de manera sostenible o ambientalmente deseable. Sin embargo, falta mucho camino por recorrer para que se constituya en un eje articulador de soluciones productivas que prevenga la contaminación ambiental y a la vez fortalezca la competitividad de los sectores productivos en todos los países de la región.

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